Si no llega a ser porque la Semana Santa ofreció un poco de tregua, la campaña para estas elecciones generales (no la oficial de 15 días, sino la que llevamos viviendo casi de forma permanente durante los últimos meses) hubiera sido un poco menos soportable.
Alrededor de una votación tan trascendental para España, se suceden las dudas, los argumentos, las críticas, las conversaciones más o menos acaloradas en casa, en el bar y en el trabajo, los pronósticos basados en meras intuiciones, los enfados con tal o cual candidato, los aplausos y los abucheos, las esperanzas y las decepciones.
Merece la pena hacer un alto en el camino y, como hacen los buenos montañeros y exploradores cuando no saben qué rumbo tomar, alcanzar la cima de un collado o trepar al árbol más alto que se tenga a mano, para evaluar la situación y fijar con más acierto el rumbo a seguir.
Con independencia del resultado electoral ofrecemos algunas consideraciones clave sobre el momento actual, tan crucial como no se le escapa a nadie, para el presente y el futuro de España.
1.- Importancia de los rompehielos de la sociedad civil
¿Qué ha sucedido para que en esta campaña hayan entrado en el debate asuntos arrumbados en el cajón del olvido? ¿Cómo es posible que temas que generaban un consenso monolítico en la clase política hasta ahora hayan sido los ejes de la campaña?
Invitados inesperados como el aborto, el combate contra la ideología de género, la familia, la libertad educativa o la defensa de la unidad de España han estado más presentes que nunca. Las explicaciones hay que buscarla muchos años atrás.
Al doblar el cabo del milenio, grupos diferentes de españoles preocupados por todas estas cuestiones y hastiados por la inoperancia y la orfandad en las que les dejaban los partidos políticos comenzaron a organizarse.
Muy poco a poco, como hormiguitas, fueron dando estas batallas con creatividad renovada, discursos anclados en profundas reflexiones sobre la esencia del ser humano, el aprovechamiento de las nuevas tecnologías, comenzaron las labores de arado y siembra que, con la esperanza de los labriegos, comienzan ahora a ver frutos incipientes.
Es la sociedad civil la que ha hecho de rompehielos, abriendo una grieta que, no en pocas ocasiones parecía insignificante, casi imperceptible. Cometió errores, sin duda. Fue traicionada en muchas ocasiones. Sufrió los dolores propios del crecimiento. Aprendió a fiarse de sus propias fuerzas humanas y financieras, para salvaguardar su libertad. Se enfrentó con valentía a los violentos –cada vez más violentos según se cosechaban cuotas de relevancia social- hasta llegar al punto en que nos encontramos.
«Quedan muchos frentes abiertos, muchas batallas sociales e ideológicas por librar, muchos obstáculos por superar, mucho terreno por conquistar»
2.- La batalla apenas ha comenzado
La entrada de Vox y la incipiente recuperación de valores abandonado por el rajoyismo en el Partido Popular son dos buenas noticias para quienes defendemos el derecho a la vida desde el nacimiento a la muerte natural. Para quienes peleamos por la libertad religiosa dentro y fuera de nuestras fronteras. Para los que, contra el consenso asfixiante, nos atrevemos a ser disidentes de la ideología de género y nos oponemos al adoctrinamiento en sus postulados contra el criterio de los padres. Para todos los que compartimos que no existe la violencia de género, tal y como está definida en esa ley liberticida e inútil, que sólo ha servido para mantener casi inamovibles los casos de asesinatos de mujeres a manos de hombres y crear un estado de terror permanente en los varones, en especial en situación de ruptura familiar.
Pero no hay que bajar la guardia. Apenas se ha comenzado a recuperar la cordura en estos asuntos y las amenazas aún son muchas. También, cómo no, respecto de la unidad nacional, que ha sufrido en los últimos años su mayor ataque desde la Guerra Civil.
Quedan muchos frentes abiertos, muchas batallas sociales e ideológicas por librar, muchos obstáculos por superar, mucho terreno por conquistar. Sería contraproducente que quienes han formado parte de los rompehielos que mencionábamos antes o quienes han dado salto a la política en las instituciones tuvieran la tentación de creer en la ilusión de que ya está todo hecho.
Queda camino y será largo y tortuoso. Empezando, además, porque se nos vienen encima otras elecciones: locales, autonómicas y europeas.
3.- Tranquilidad en las masas, hay segunda parte
En efecto, el resultado de las elecciones de este domingo llevará a la conformación de un gobierno. Pero será más tarde de lo que en principio se podría esperar si los comicios se hubieran celebrado aislados, sin la convocatoria próxima para elegir concejales, diputados autonómicos y representantes en el Parlamento Europeo.
Hasta que no se produzcan dichas elecciones el próximo 26 de mayo, es más que probable que no se conforme un gobierno nacional, pues los resultados -sobre todo autonómicos y los referidos a las grandes capitales- pueden condicionar las posibles alianzas.
Si el número de votos de cada bloque cosechado en las generales se mantiene en las municipales, autonómicas y europeas, el reparto de poderes se pude equilibrar.
4.- Importancia de los comicios autonómicos
Queda claro que habrá que remangarse de cara a esta “segunda parte” del partido electoral que tiene en vilo a España entera. No sólo por la cuestión de la conformación del gobierno nacional, sino porque las comunidades autónomas tienen la gestión de competencias en asuntos clave como la educación o la sanidad, que afectan de manera muy directa a los programas relacionados con materias sensibles como aborto, eutanasia, adoctrinamiento escolar, leyes LGTBI, etc.
Del nuevo equilibrio de fuerzas en las comunidades autónomas dependen asuntos clave en la batalla ideológica y moral que se libra en España, por lo que, aunque el hartazgo ante los procesos electorales sea comprensible, no parece momento de bajar el pistón.
Más allá de estas cuestiones, es conveniente reconocer que estamos ante una hora crucial de la historia de España. Y es en estos momentos donde el pueblo español ha demostrado de forma sobrada que es capaz de sobreponerse a sus miedos, a sus errores y a sus debilidades.
Recientemente se ha publicado la estadística del INE sobre fertilidad. Los datos son escalofriantes. Las mujeres quieren tener más hijos de los que tienen. España no alcanza la tasa de reemplazo. Y con pena y preocupación hay que subrayar que esto ya no es novedad, hace demasiadas décadas.
Todos los organismos internacionales llevan más de 20 años alertando de la situación de envejecimiento y despoblación crecientes en España. El invierno demográfico ya no es invierno: es infierno. Le ofrezco tres pinceladas:
El 95,3 % de las mujeres menores de 25 años no tiene hijos. Lo mismo casi 8 de cada 10 féminas entre 25 y 29 años. El retraso medio respecto al momento deseado de tener el primer hijo es de más de 5 años. Y, aún más grave por lo que tiene de cambio cultural, hayun número destacado de mujeres que no quieren ser madres que ronda entre el 18,3 % y el 26,4 % entre las mujeres de 30 a 44 años.
«Quisiera ofrecer en este momento algo de esperanza en mitad de la negrura: no es lo mismo fertilidad que fecundidad»
Al mismo tiempo cada vez nos casamos menos y más tarde lo que produce un efecto inmediato en la fertilidad. La razón, obvia: es la familia el entorno que genera las condiciones más adecuadas para apostar por traer al mundo nuevas vidas humanas.
Mientras tanto, en los últimos 35 años han sido abortados en España más de 2.300.000 españoles desde 1985 a 2017, según las cifras oficiales. En los últimos años, la cifra ha rondado los 100.000 anuales.
El panorama de la fertilidad es dantesco, pero no es exactamente de esto de lo que quería reflexionar con los lectores de Woman Essentia este mes, aunque me sirva de otero sobre el que tratar de compartir una nueva perspectiva.
Porque quisiera ofrecer en este momento algo de esperanza en mitad de la negrura: no es lo mismo fertilidad que fecundidad.
Esto se entiende fácil cuando uno se fija en los miles de españoles que a través de diferentes tareas de voluntariado hacen que su vida y la de otros cobre sentido pleno.
No es menos evidente el ejemplo de los misioneros y religiosos. Ellos, sin ser biológicamente fértiles por su decisión personal de vivir en castidad, son profundísimamente fecundos. No solo en lo material, sino también respecto a las necesidades psicológicas y espirituales de tantos necesitados en el mundo.
«Traten cada día de encontrar la manera de ser abono social, de ser fermento para el crecimiento o la mejora de otros»
Conozco un tipo que desde que tiene veintitantos sueña con ser padre. Siempre lo ha deseado. Frisando los 40 aún no ha encontrado la persona con la que abordar la maravillosa aventura de traer hijos al mundo, educarlos, hacerles crecer y darles una libertad responsable con la que afrontar los azares de la vida. Pero pese a su circunstancia ‘infértil’ a efectos estadísticos, ha sabido ser inmensamente fecundo en su vida.
Colabora en diferentes voluntariados, procura mantener una formación actualizada que le permite aconsejar a quien se lo pide y mantener conversaciones de provecho en sus ambientes familiares, profesionales o de ocio. También ayuda económicamente a organizaciones de su confianza que desarrollan una gran labor social.
Quisiera plantear un reto a los amables lectores que han llegado hasta aquí, con independencia de si ya han experimentado la maravilla de la paternidad o la aún más intensa ocasión de la maternidad.
Plantéense en qué área de sus relaciones personales o profesionales pueden convertirse en un factor determinante de fecundidad espiritual, social, material, etc.
Traten cada día de encontrar la manera de ser abono social, de ser fermento para el crecimiento o la mejora de otros.
¿Cuánto hace que no realiza esa llamada de apoyo a un amigo o familiar? ¿Por qué no abordar esa petición de perdón pendiente que le asalta con remordimiento cada cierto tiempo en mitad de la noche? ¿Por qué no iniciar ese voluntariado que está deseando hacer?
Un sabio dijo: donde te planten, florece. Pues en la entrega amorosa, total y desinteresada se halla la felicidad.
Lourdes Méndez Monasterio, nacida en Córdoba en 1957, pero murciana de corazón, no pudo resistir la tercera invitación a participar en la política de partidos hace 25 años, cuando trabajaba como abogada en San Javier.
Primero fue concejal, después diputada regional y consejera de Trabajo y Política Social de Murcia y finalmente diputada nacional tres legislaturas. Ha sido miembro electo de la Ejecutiva Nacional del PP ocho años, presidenta de la Comisión Nacional de Familia, portavoz en de Asuntos Sociales y presidenta de la Comisión de Políticas Integrales para la Discapacidad en el Congreso.
Antes de las elecciones de diciembre de 2015 fue ‘purgada’ de las listas del Partido Popular junto a un nutrido grupo de parlamentarios (diputados y senadores) que habían osado mantener una postura pro vida coherente, frente al pragmatismo de Mariano Rajoy, quien prometió legislar para mejorar la protección de la vida humana y acabó cerrando bajo siete llaves el proyecto de ley que pretendía dar cumplimiento a dicho compromiso electoral.
Dicha purga comenzó unos meses antes, cuando Celia Villalobos aseguró a principios de 2015 una suerte de fatwa política: «Lo que no cabe en mi partido son personas que digan no al aborto». Y Rajoy ejecutó la sentencia.
En aquella purga cayeron, además de Lourdes Méndez, los diputados José Eugenio Azpiroz, Eva Durán, Antonio Molina y Javier Puente y los senadores Gari Durán, Ángel Pintado, Ana Torme, José Ignacio Palacios y José Luis Sastre.
Todos ellos se negaron a refrendar con su voto la mini reforma con la que el PP quiso maquillar un supuesto cumplimiento de la promesa contenida en el Programa Electoral del año 2011: «Cambiaremos el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida, así como de las menores».
Promesa de reforma legal para la protección de la vida humana ante el aborto en el Programa del Partido Popular de 2011, página 108.
Probablemente Lourdes Méndez Monasterio fue la persona de ese grupo de ‘represaliados’ por el rajoyismo que de manera más contundente se manifestó a partir de entonces contra el abandono de la defensa de la vida humana por parte del Partido Popular.
Cumplir la promesa electoral
La X legislatura comenzó en noviembre de 2011. El Partido Popular había obtenido la más importante victoria de su historia, con una mayoría absoluta en el Congreso y el Senado. Una de sus promesas electorales era la antecitada de promover una ley de apoyo a la maternidad y cambiar «el modelo de la actual regulación sobre el aborto para reforzar la protección del derecho a la vida».
Para Méndez, cinco eran los motivos obvios para que el PP llevara a efecto el compromiso electoral:
50 diputados habían presentado recurso de inconstitucionalidad, incluidos Rajoy y Sáenz de Santamaría.
Las afirmaciones de Rajoy cuando era jefe de la oposición: «Ya hay una sentencia del Constitucional muy clara que excluye la posibilidad de un sistema de plazos».
Las contundentes afirmaciones del voto particular del PP en la subcomisión de estudio sobre la Ley Aído en el año 2009 y los discursos de los representantes del PP en los debates parlamentarios.
La defensa de la vida «aparecía como raíz de su ideario en sus estatutos y confirmado en las ponencias del Congreso previo a las elecciones de 2011».
La oposición presentó entonces hasta 83 iniciativas parlamentarias de todo tipo contra el proyecto. En enero de 2014, en respuesta a una pregunta oral de una diputada del Bloque Nacionalista Gallego, el presidente Mariano Rajoy contestó: «Este Gobierno se comprometió con los españoles a modificar una ley que dictó el Gobierno socialista en 2010 apartándose de la doctrina del Tribunal constitucional».
Con anterioridad, el entonces portavoz de Grupo Parlamentario Popular en el Congreso, Alfonso Alonso, señaló en una entrevista radiofónica que sus compañeros estaban «comprometidos» con lo «previsto en el programa electoral»: «Es verdad que todavía está en su fase más inicial, pero es una reforma equilibrada y responde a un compromiso electoral explícito».
En febrero de 2014, una propuesta de retirada de la nonnata ‘Ley Gallardón’ fue rechazada con los votos de PP, UPN y los diputados de Unió. La veterana Celia Villalobos votó junto a la oposición contra la ley que cumplía el programa electoral con el que fue elegida.
A finales de agosto de ese año, y en el seno de la Diputación Permanente del Congreso, el portavoz de Justicia del PP José Miguel Castillo Calví mantenía la postura: «El Gobierno tiene la intención de continuar promoviendo el anteproyecto de ley orgánica de protección de la vida del concebido y derechos de la mujer embarazada».
Retirada del proyecto y viraje ideológico
Pocos días después de ese debate y pasados nueve meses desde que Rajoy reiterara en sede parlamentaria que «este Gobierno se comprometió con los españoles…», el presidente del Gobierno aprovechó una visita a un congreso sobre comunicación para anunciar que el proyecto se retiraba. Era el 14 de septiembre de 2014. Ruiz Gallardón presentó su dimisión de forma inmediata e irrevocable.
Mariano Rajoy anunció el incumplimiento de la promesa electoral de la ley del aborto en el pasillo de un congreso sobre comunicación el 14 de septiembre de 2014. /EFE
Lourdes Méndez considera que el cambio del discurso del Partido Popular debe a varias causas: la espera a lo que diga el Tribunal Constitucional; el miedo a la pérdida de votos de seguir adelante; y el sometimiento ideológico del Partido Popular, en contra de sus propios estatutos e ideario.
Pero ¿por qué este vuelco repentino?
Otro de los diputados purgados por Rajoy, José Eugenio Azpiroz, apunta en su tesis doctoral ‘La protección jurídica de la vida humana’ una circunstancia que puede ser reveladora.
Dos días después de la declaración defenestradora del anteproyecto de Gallardón, comenzaba en la ONU el 69º Periodo Ordinario de Sesiones, se presentó el documento ‘Prioridades de España en Naciones Unidas‘. En su octava página se dice:
«Continuaremos impulsando el pleno disfrute y ejercicio de derechos por parte de niñas y mujeres en condiciones de igualdad y no discriminación por razón de género, incluidos los derechos de salud sexual y reproductiva, así como el combate de todas las formas de violencia de las que son víctimas niñas y mujeres (incluidos los asesinatos por razón de género, la mutilación genital, el matrimonio forzoso y precoz y la violencia sexual durante los conflictos)».
Tal y como apunta Azpiroz, no sólo es destacable que se apoyara el término clave de la Ley que el PP ha llevado ante el Tribunal Constitucional, sino que con ello se asume la ideología de género y con ello, el aborto como «derecho».
Casualidad o no, España fue designada en octubre de 2014 como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de la ONU para el bienio 2015-2016.
Así las cosas, se produjo un triple efecto: jurídico, pues se renunció a la posibilidad de adecuar la ley a la doctrina del Constitucional; social, porque el paso del tiempo con la Ley Aído en vigor hacía ya muy difícil la reversión de la ley y con ella la defensa del derecho a la vida; y político, creando desconfianza y orfandad en una parte nada despreciable del electorado y, en la práctica, constatando que ningún partido con representación parlamentaria defendía el derecho a la vida.
Ruptura de la disciplina de voto por la mini reforma
En julio de 2015, el Partido Popular pretendió maquillar su traición a la inmensa mayoría de sus votantes con el impulso de proposición de ley orgánica para que las menores entre 16 años y 18 años tuvieran que consultar con sus padres la decisión de abortar.
Dicha mini reforma fue considerada por casi todos los votantes del PP y sus diputados con una conciencia provida más clara, insuficiente respecto a lo prometido y, además, como una burla. Hasta el punto de que se rompió la disciplina de voto.
Unos meses antes, en abril de 2015, Lourdes Méndez, José Eugenio Azpiroz y Javier Puente, con el apoyo de los senadores Gari Durán, José Ignacio Palacios, Luis Peral, Ángel Pintado y Ana Torme, enviaron una carta a Mariano Rajoy que remitieron a sus compañeros parlamentarios adelantando su decisión de no votar favorablemente a la mini reforma.
Muchas eran sus razones:
Sobre el objeto de la votación, se alega que la propuesta no suprime el aborto como derecho; se mantiene el uso eugenésico del aborto y se perpetúan los riesgos que amenazaban la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios.
La falta de coherencia con los estatutos del partido, lo expresado en congresos nacionales, el voto de la subcomisión sobre el aborto, las votaciones contra la Ley Aído, los fundamentos del recurso de inconstitucionalidad, el programa electoral, la defenestrada ley Gallardón, las respuestas del Gobierno en apoyo de la reforma del exministro y la votación de 183 diputados contra la pretensión de que fuera retirada la iniciativa de Gallardón.
Mariano Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría habían ignorado durante dos años una petición de reunión sobre la cuestión.
Ausencia de consulta interna, al menos en el Grupo Parlamentario, ante el cambio programático.
Es «políticamente insostenible» la renuncia a legislar para proteger la vida teniendo mayoría absoluta y habiendo prometido hacerlo.
Es responsabilidad de los parlamentarios procurar leyes justas, sin coartadas sobre el futuro electoral.
Tampoco se cumplía la promesa de una Ley de maternidad.
A estos argumentos se añadía una apelación de respeto a los compañeros con los que disentían y un llamamiento a la libertad de voto de cara a la mini reforma.
Las enmiendas de UPN: el PP en la encrucijada
Y llegó la horma de su zapato. El diputado de UPN Carlos Salvador, tendió una suerte de trampa a los diputados del Partido Popular. Propuso en la comisión de Sanidad del Congreso una batería de enmiendas que no sólo cubrían la micro reforma del PP, sino que modificaban de forma sustancial la Ley Aído y que estaban basadas en las que el partido de Rajoy había presentado en la legislatura anterior contra la ley del aborto.
¿Qué haría el PP? ¿Votaría en contra de sus propias enmiendas? Pues sí y, para asegurar el tiro, el Partido Popular apartó de la comisión a quien no estuviera de acuerdo, como era el caso de Lourdes Méndez.
Corría el 7 de julio de 2015 y Méndez dirigió, «por lealtad», una carta al secretario general del Grupo Parlamentario, José Antonio Bermúdez de Castro en la que anunció su postura: «Si se me permite permanecer como titular de la Comisión [cargo que había desempeñado 12 años], votaría en conciencia«. La respuesta fue el cese inmediato de Méndez como miembro de la comisión.
El texto fue aprobado en la Comisión y llegó al Pleno, donde Salvador volvió a presentar sus enmiendas made in PP. Los populares no podían permitirse que lo ocurrido en la Comisión se reflejara en el Pleno, mucho más expuesto al escrutinio público. Llegó a un acuerdo con Salvador para que las retirara a cambio de una promesa de poner en marcha «un proyecto específico de ayudas a las futuras madres que empezaremos a negociar, si es posible, la semana que viene con el Ministerio de Sanidad», tal y como expresó en el Pleno el propio parlamentario navarro.
En el Congreso, la mini reforma salió adelante sin el voto de los cinco diputados del PP que se negaron en conciencia. En el Senado volvió a suceder, con otros cinco miembros de la bancada popular.
Intento de regeneración del PP desde dentro
Pasa el tiempo y en febrero de 2016, en una extensa entrevista concedida a Actuall, ya intuía en sus respuestas que, aunque no se veía entonces de vuelta en la política activa -de la que prácticamente estaba defenestrada-, permanecía la vocación: «Es un gusanillo que no te abandona, el deseo de intervenir a favor de lo justo permanece». Y en el caso de que sucediera, lo haría «luchando por lo que siempre he creído, tanto en la política, en mi casa o donde me toque».
Su primera intención fue permanecer en el PP para «seguir intentando que retorne a sus esencias y principios». Pero ya advertía: «Y si no fuera así, pues fuera de él». Y añadía en otro momento: «Algo está pasando en un partido (…) que no da cabida a liberales o conservadores ni a personas que defienden la vida».
En junio de 2016, con motivo de la recepción de uno de los premios anuales que concede la asociación HazteOir.org, Méndez explicaba sus sensaciones: «La defensa de la vida es fundamental, he estado 25 años en política para defender lo fundamental: las raíces de nuestra civilización y cultura. Lamentablemente no he podido continuar ejerciendo la política precisamente por defender lo que creo en un partido que hasta ahora lo defendía».
La maniobra de Teodoro García Egea
El distanciamiento -si no la desafección- de Lourdes Méndez respecto del Partido Popular empezaba a ser cada vez más evidente. Y llegó el XVIII Congreso del Partido Popular, celebrado en febrero de 2017. Los exparlamentarios que tenían calidad de compromisarios en la cita trataron de introducir enmiendas que clarificaran las posiciones.
La actual cabeza de lista al Congreso de Vox por Murcia -entonces fuera del Congreso, pero aún afiliada al Partido Popular y además, compromisaria- presentó una enmienda con la que se pretendía saber si el PP estaba a favor o en contra de la defensa del derecho a la vida desde la concepción a la muerte natural o si se colocaba, ya de manera estatutaria, en los postulados favorables al llamado derecho al aborto y a la eutanasia.
La dirección del PP maniobró para que no fuera ni siquiera votada.
La enmienda de Méndez fue aportada a la Ponencia Política y de Estatutos, coordinada por el ex secretario general del PP Fernando Martínez Maíllo y cuya mesa de discusión fue moderada por su hoy sucesor, Teodoro García Egea.
Según narra Méndez, En el momento de producirse la votación sobre la moción («El PP defiende la vida desde la concepción hasta la muerte natural») García Egea la paralizó e impidió que se votara. Martínez Maíllo argumentó que se votaría en la Ponencia Social, algo «claramente irregular», según defiende Méndez.
Cuando llegó el turno de enmiendas en la Ponencia Social también se impidió su votación «violando el reglamento del Congreso» del PP en concreto en sus artículos 26.3 y 26.4.
Tal y como expresó la entonces figura preeminente del partido, la entonces presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid, Cristina Cifuentes: «Creo que es un debate que está absolutamente fuera de nuestra agenda política».
Al terminar el congreso, Méndez concluyó, en declaraciones a Actuall: «Hay más libertad en Cuba» que en el congreso del Partido Popular.
El fin de los principios
En un artículo publicado en ABC una semana después de clausurado el cónclave de los populares, se hizo patente la ruptura definitiva que se había producido días antes. Bajo el título ‘El fin de los principios’, Lourdes Méndez diseccionó el estado de cosas desde el punto de vista programático en el Partido Popular:
«La actual dirección del PP ha asumido en bloque el proyecto acogido por gran parte de la izquierda europea».
«Las cortinas de humo y los algo torpes malabarismos del congreso ya solo pueden engañar a los más ingenuos».
«No se puede pretender el apoyo de quienes creen en el derecho a la vida y al mismo tiempo consolidar el derecho al aborto o abrir la puerta a la eutanasia«.
«No se puede decir que se está a favor de defender la libertad de expresión y a la vez multar al que discrepa».
«No se puede pretender la herencia del humanismo cristiano y al mismo tiempo abrazar el laicismo«.
«No es creíble hablar de libertad de educación y proponer leyes totalitarias de género«.
«No es verdad que se defiende a la familia cuando se la diluye entre cualquier otra forma de convivencia».
«No se puede construir un proyecto político basado en el desprecio permanente a la principal masa de tu propio electorado, porque muchos ya perciben que no existe ninguna diferencia sustancial entre el programa del PSOE y el del PP«.
«En asuntos como el de los vientres de alquiler, ya somos más «progresistas» que el PSOE o incluso Podemos».
«Hemos abandonado los principios para mantenernos en el poder y puede que pronto no tengamos ni poder ni principios».
Siendo de una contundencia evidente, tal vez la frase que más interesa a los efectos de conocer cómo llegó a Vox Lourdes Méndez desde el Partido Popular es la última de aquél escrito: «Debemos encontrar la alternativa para defenderlos, ya que lamentablemente, desde ahora, ninguna fuerza parlamentaria lo hará».
«El PP ha consagrado el derecho al aborto»
A finales del año 2017, de nuevo en el diario ABC, Lourdes Méndez pone de nuevo las peras a cuarto al rajoyismo:
«Nuestro partido se ha desprendido de la defensa de la vida, asumiendo la llamada ley Aído en su práctica totalidad, y consagrando por tanto el “derecho” al aborto; ha desdeñado la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones; ha atentado, entre otras, contra la libertad de expresión, aprobando leyes que imponen una determinada ideología y sancionan a quien no la comparte (en la comunidad de Madrid se ha impuesto una multa al director de un colegio por criticar una ley, una extraña manera de demostrar que no se trata de una norma totalitaria); ha votado a favor de regular los “vientres de alquiler” contrarios a la dignidad de la mujer y de su hijo. Y, por último, ha abrazado la concepción relativista sobre la familia, engañosamente neutral, que trata por igual realidades diferentes».
Con motivo de la tramitación parlamentaria de la Ley mordaza LGTBI redactada por COGAM para Podemos, Méndez exclamó en un nuevo artículo: «Ante la colonización ideológica de género, ¡despertad!».
Llamaba a la sociedad civil a reaccionar, tras conocer que el PP presentó una enmienda de totalidad a la proposición de ley anteriormente citada, a su juicio innecesaria por cuanto «iba más a dar una pátina de cordura y trasladar un mensaje a sus votantes, que realmente a defender lo obvio», esto es, que el derecho a la no discriminación está sobradamente recogido en la Constitución y las leyes para todos los españoles sin necesidad de leyes particulares.
Lourdes Méndez es ahora cabeza de lista por Vox en la Región de Murcia. Si obtiene el respaldo de los murcianos, volverá al Congreso, como decía a Actuall, «luchando por lo que siempre he creído».
Dos de mis muchos buenos amigos pueden ayudarnos a ilustrar la cuestión que nos ocupa: descubrir el lenguaje del amor y sus, digamos, dialectos. Se trata de un lenguaje, valga la advertencia, que sirve para todo tipo de relaciones, no sólo para las que, por naturaleza, llaman a hombres y mujeres a entregarse mutuamente.
Uno de mis amigos, según te ve, te ofrece un abrazo. Pero un buen abrazo, no uno protocolario. Incluso, si tiene confianza suficiente, te planta un discreto beso en la mejilla y te da una caricia en la cabeza y un toquecito en el hombro.
El otro está en el extremo opuesto. Se trata de uno de estos tipos que van siempre en mangas de camisa, porque tienen un termostato interno perfecto para sobrevivir en Siberia sin un jersey.
Tal vez eso tenga que ver con el hecho de que, aunque la ocasión lo merezca, se revuelve cuando alguien le abraza. En confianza, hasta mete un poco de codo en las costillas para que acabe cuanto antes lo que para él supone, cuando menos, una incomodidad.
Durante los ya algo lejanos años universitarios, recuerdo que una explicación recurrente, sobre todo en los comienzos, era la del proceso básico de comunicación. Como cualquiera puede imaginar, para que se produzca tal comunicación deben existir, al menos, un emisor, un receptor y un mensaje. Hay otros elementos como el ruido, aunque los dejaremos aparte. Pero los tres elementos principales no son suficientes. Es necesario, además, compartir un mismo código. También en el lenguaje del amor.
¿Verdad que al comunicarnos con otros hemos experimentado interferencias o malos entendidos? Con frecuencia, compartimos con personas de nuestro entorno un mismo código en el humor, que otros no captan. En ocasiones, ya no sólo supone que esos no se enteren, sino que además puede ser malinterpretado y por tanto, fuente de enfados e incomprensiones.
A mí me ha sucedido con frecuencia que, en medio de un buen corrillo de amigos apasionados y practicantes del golf, pierdo el hilo entre maderas, swings, hierros, sands,eagles, boogies y otras expresiones de un código que no domino.
La lección obvia, centrando el tiro ya en el lenguaje del amor, que es a donde iba, es que necesitamos compartir un código para poder comunicarnos con eficacia.
Ha caído en mis manos una de las versiones de ‘Los cinco lenguajes del amor’ de Gary Chapman, autor de éxito con decenios de experiencia en el acompañamiento y formación de personas en el importante arte de comunicarnos con el otro.
«Cinco son los principales lenguajes del amor: las palabras de afirmación; el tiempo de calidad; los regalos; los actos de servicio; y el contacto físico»
La perspectiva de Chapman abre el foco, de tal forma que no se queda en las relaciones amorosas entre hombre y mujer, bien casados, bien con proyecto de contraer matrimonio.
Todos queremos ser amados y amar a una multiplicidad de personas, en un espectro muy amplio: los padres, los colegas de trabajo, las amistades, los compañeros de la parroquia o los del club de recreo…
Al igual que cada quien tiene sus preferencias gastronómicas, deportivas o culturales, también tenemos cierta preferencia por ser amados de una manera determinada.Cinco son los principales lenguajes del amor según el criterio y la experiencia de Chapman: las palabras de afirmación; el tiempo de calidad; los regalos; los actos de servicio; y el contacto físico.
El lenguaje del amor se puede aprender
Conocer en qué medida cada lenguaje del amor nos hace sentirnos más queridos es fundamental. No se preocupe, si tiene dudas, Chapman propone un test que confirmará sus intuiciones. O tal vez le sorprenda.
Alguno pensará: “Me cuesta decir cosas positivas sin motivo aparente”; “soy malísimo haciendo regalos”; o “nunca sé cuándo es oportuno que me ofrezca a ayudar”. Tranquilidad en las masas.
Porque lo bueno de cada lenguaje del amor es que se puede aprender. No es necesariamente un paseo militar, pero seguro que es más fácil que aprender chino.
«Es necesario aprender a expresarse en los diferentes lenguajes del amor, haciendo especial hincapié en aquél que más alcanza los recovecos más profundos del corazón del ser amado»
En todo caso es imprescindible tener presente que el amor, pasado el momento inicial del ‘estado de imbecilidad permanente’, se convierte en un amor intencional, consciente, un compromiso de permanencia a pesar de todo que se plasma en un voto desinteresado por el bienestar del otro.
Para lograr ese objetivo, es necesario aprender a expresarse en los diferentes lenguajes del amor, haciendo especial hincapié en aquél que más alcanza los recovecos más profundos del corazón del ser amado.
Lo que más arriba he contado de mis amigos es real. Me costó un poco de tiempo acostumbrarme a ambos comportamientos. Pero comprendí con el tiempo que cada uno necesita su propia manera de abrazar para sentirse querido. Y trato de adaptarme, aunque uno me pueda parecer en ocasiones excesivo y el otro demasiado escaso.
Aprendo… observando
Del mismo modo, he comenzado con la lectura de este libro a explorar las características de cada uno de los lenguajes y he tratado de identificar en las personas de mi entorno aquellas expresiones que mejor me sirven para transmitirles ese amor.
Por otro lado, trato de identificar mejor cuáles son las palabras, los gestos, los tiempos, los regalos y los actos de servicio con los que me siento más amado. Así, podré también transmitir a quienes sé que me quieren, pero que no aciertan, cuales son los lenguajes del amor que mejor me encajan.
Invito a los lectores a hacer este ejercicio. Pregúntese cuál es el mejor código para amar y ser amado. Y aprenda cada lenguaje del amor. No es chino.
Tal vez los amables lectores de Woman Essentia –particularmente las féminas–, no entiendan bien si el título que encabeza estas líneas es un chiste, una grosería o simplemente un imposible metafísico para las mujeres, naturalmente inclinadas a compartir en charlas infinitas la vida. Pero entre los hombres, siempre generalizando, es posible… el silencio.
Yo mismo he sido tentado de decir semejante cosa en la peluquería, si bien gracias a mi madre no he caído en la ocasión de ser tan cenutrio y desabrido. Pero con mascullar ante los intentos infructuosos del peluquero por entablar una conversación, más de una vez he logrado el objetivo: que, sigiloso, “corte lo que sobra, pero que se pueda peinar” pues me parecen innecesarias mayores indicaciones. Y si no me entienden, siempre queda el consuelo: «Burro trasquilao a los ocho días igualao«.
El peluquero y una conversación apasionante
Pero no fue así la última ocasión. Mi aversión a ir al peluquero chocó frontalmente con la rebelión del perfecto caos de los rizos que me cubren la sesera. Y no quedó más remedio.
Crucé la puerta de la peluquería, una de esas de las de toda la vida, sin moderneces innecesarias, con peluqueros que del mismo modo desprenden un sentimiento añejo. El artífice estaba solo, esperando la llegada de algún cliente. Le saqué del enfrascamiento en una revista con varios meses de solera, que ojeaba sin pasión. Me sonrió, indicó con un amable gesto dónde dejar el abrigo y el potro de tortura donde superar el trance.
A cuento de los rizos y del “corte lo que sobra, pero que se pueda peinar”, no me digan ustedes por qué acabamos hablando del servicio militar, puesto que mi interlocutor -armado con poderosas tijeras- ejerció el oficio también en Melilla, como parte del Cuerpo de Regulares, allá por 1982.
Ahí me ganó por la mano, pues a mi natural tendencia a valorar el mundo castrense -hasta me lo decían en esos test psicológicos que nos hacían en el colegio- se une mi frustración irresoluble de haberme quedado sin hacer el servicio militar.
A las mujeres les deben resultar tremendamente aburridas las historias de la mili, como a los hombres nos llevan por la calle del bostezo tantas cosas que a ellas les resultan apasionantes, como distinguir entre blanco roto y blanco hueso, como si fueran esquimales.
El caso es que, contra todo pronóstico, me encontré metido de lleno en una conversación apasionante y, por un rato, viví en el relato de Miguel, el peluquero, la aventura que me hubiera gustado sentir en mis carnes al servicio de España.
Me escucho, te escucho, nos escuchamos
Como recuerda la novena de las ‘Doce reglas para vivir’ del psicólogo clínico Jordan B. Peterson: “Da por hecho que la persona a la que escuchas puede saber algo que tú no sabes”.
La escucha -o lo que es lo mismo, “poner atención o aplicar el oído para oír” (DRAE)- es una actitud básica para la vida, para el crecimiento personal, para ampliar horizontes. Y, en casi todas las ocasiones, una contribución al bien de la sociedad.
Algunos se sorprenderían de la necesidad real que tenemos la mayoría de los seres humanos de sabernos escuchados, más aún cuando quien habla trata de expresar los sentimientos, las inquietudes o las intuiciones más profundas y ocultas de su ser.
Los psicólogos y los sacerdotes saben mucho de esto. Sospecho que también quienes se dedican al tarot y las prostitutas.
Quienes vivimos en las grandes ciudades transitamos rodeados de personas todo el día: el metro o el autobús, abarrotado; la oficina, plena de gente; los medios de comunicación repletos de personajes reales y ficticios; nuestras redes sociales, desbordantes de interlocutores… Pero al fin del día, la soledad es uno de los grandes males de nuestra sociedad. Y la necesidad de comunicación está tan arraigada en el ser humano como el instinto de supervivencia, o el deseo de perpetuación de la especie.
Pero escuchar con los cinco sentidos, desde el corazón, es un riesgo. Peterson recoge un pensamiento del psicoterapeuta Carl Rogers al respecto que resulta revelador: “La gran mayoría de nosotros no sabe escuchar; nos vemos obligados a evaluar, porque escuchar es muy peligroso. En primer lugar hace falta valentía y no siempre la tenemos”.
El juego de Rogers
Rogers proponía un juego: detener la conversación e introducir una regla consistente en que el que quisiera intervenir tenía que repetir lo argumentado por su predecesor en el uso de la palabra. Suena poco práctico para el día a día, pero ¿y si lo aplicamos de tanto en tanto?
El propio Peterson confiesa utilizarlo con sus pacientes y llega a una interesante conclusión: “Unas veces aceptan el resumen; otras, me sugieren una pequeña corrección. De vez en cuando me equivoco por completo. Y está bien saber todo eso”.
Y aquí es a donde quiero llegar. «¿En silencio, gracias?» Nunca más. Nunca más si se trata de huir y cerrarse al otro, de dejarse ganar por la pereza, de rechazar la posibilidad del intercambio o de aprender algo nuevo.
¿Me permite un consejo? Póngale orejas a su corazón.
Alguien dijo una vez que la infancia es la auténtica patria de los hombres. Al menos lo es en el sentido de que en ella se forjan las bases de la personalidad, se afrontan los primeros miedos, se plantean las primeras preguntas y se hallan las primeras respuestas. Aún más, está aceptado por la comunidad científica que los sentimientos, emociones y situaciones ocurridas durante el tiempo de vida prenatal también tienen una influencia destacable en el futuro de las personas.
En todo caso, y sin ánimo de caer en un determinismo simplificador, parece claro que así como los primeros alimentos son fundamentales para el desarrollo del cuerpo, las primeras lecturas constituyen un caudal imprescindible de experiencias y conocimientos que contribuyen a la cimentación de la personalidad, tan necesario en los tiempos del pensamiento líquido, el voluntarismo sentimental y la corrección política y social.
Permítanme que les comparta mi propia experiencia.
Se cumplen ahora 90 años de la publicación del primer tebeo del afamado reportero belga creado por Hergé: Tintín. Sus aventuras, además de proporcionar un enorme caudal de entretenimiento, suponen, en la edad temprana, una suerte de enciclopedia geográfica, étnica, meteorológica, astronómica, histórica, geopolítica, etc. sensacional.
Leyendo al rubicundo reportero uno tiene la oportunidad de hacer un viaje en el tiempo al mundo inca y descubrir los misterios de Rasca Payac; o enrolarse en una guerrilla centroamericana dispuesta a derrocar al dictador que desalojó al anterior sátrapa caribeño.
Junto a Tintín, se puede sentir el temor de toparse con la mafia de Al Capone -para vencerla, obvio-, la emoción de adentrarse en las selvas amazónicas en busca de la tribu de los Arumbayas, recorrer una reserva en el Oeste norteamericano o, por qué no, viajar a la mismísima Luna.
Descifrando sus viñetas, se puede recorrer China, ascender al Himalaya, ser considerado un ‘bula mathari’ en África, descubrir un templo extraterrestre en una isla asiática, desmontar una operación de tráfico de esclavos o adentrarse en los mares del sur en un minisubmarino con forma de tiburón.
El bueno de Hergé documentaba de una manera exquisita cada una de sus aventuras, de tal forma que un niño menor de 10 o 12 años absorbe una cantidad ingente de conocimiento casi sin darse cuenta.
Pero no sólo eso. Tintín es un personaje de moral íntegra, valiente, esforzado, curioso, caritativo, con un sentido de la lealtad y la amistad a toda prueba, etc. En él se condensan una serie de virtudes que bien merecen ser admiradas en la primera infancia.
Desde luego, Tintín no es el único buen ejemplo de estas lecturas que pueden servir de resorte para que amanezcan en las almas más bisoñas sentimientos de magnanimidad, generosidad, prudencia, fortaleza o amistad verdadera.
Otros fantásticos compañeros de viaje
La aldea de irreductibles galos que resiste ahora y siempre al invasor ideada e ilustrada por Goscinny y Uderzo es otro potosí de cimientos aprovechables para la formación en la etapa infantil.
La amistad a prueba de romanos de Astérix y Obélix, el sentimiento noble de pertenencia al grupo, la disponibilidad para ayudar al necesitado, la necesaria bonhomía… son virtudes que calan en el joven lector.
Y, al igual que sucede con Tintín, las aventuras de Astérix permiten atesorar un surtido de conocimientos reseñable. Antes de entrar en la adolescencia, el lector de Astérix ya reconoce con familiaridad nombres como Julio César, Cleopatra, Bruto o Cayo, que pronto le resultarán familiares en sus estudios. Y, por cierto, como dice el druida Panorámix respecto de Cleopatra, “¡qué nariz!”.
El lector de Astérix sabrá pronto, mucho antes que algunos de sus compañeros -que nunca llegarán a sospecharlo- que París fue un día Lutecia o Lyon, Lugdunum.
También que los fenicios se distinguieron siempre por su capacidad para los negocios; que no hay que fiarse de los echadores de cartas, adivinos y agoreros; que los godos en realidad eran muchos diferentes; que en las legiones romanas había decurias, centurias y cohortes o que una guarnición es, además de eso que acompaña el filete, un grupo de tropas que defiende una posición.
En Astérix y Obélix los jóvenes pueden hallar un ejemplo de disponibilidad, buen humor, sagacidad, astucia y nobleza…
Más allá de los tebeos, existe -al menos en España- una ingente cantidad de títulos de literatura infantil asequibles a todas las edades con los que abonar la mente y el alma de los más jóvenes.
En ocasiones se abusa de las lecturas facilonas e insustanciales, pensando que los niños no se enteran o que se aburren con textos algo más elaborados que los que puedan encontrarse en el bocadillo de un tebeo.
Sin embargo, existen colecciones de adaptaciones de novelas clásicas que, llegada la edad apropiada, ponen en ventaja a nuestros jóvenes respecto a los que no han sido iniciados por sus mayores en el mundo literario.
Al mismo tiempo, existen biografías adaptadas de grandes personajes de la historia (gobernantes, filósofos, políticos, religiosos, etc) que merecen ser ofrecidas.
Otra vía muy interesante de aprovechamiento lector temprano son los almanaques de efemérides históricas, o los libros que explican quiénes eran las personas que dan nombre a las calles de una ciudad. Suelen ser textos breves, sencillos, nada pretenciosos, pero que resultan de gran provecho intelectual.
No pierdan la oportunidad de forjar una personalidad completa, consistente, abierta, coherente, sacrificada, generosa y libre. Sí, claro, con el propio ejemplo. Pero no descarten ayudarse de los libros para ayudar a sus hijos.