Una bala de plata contra el aborto

El pasado 1 de diciembre tuvo lugar en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos de Norteamérica, que hace las veces de órgano de interpretación constitucional, la vista oral sobre un caso que podría convertirse en la bala de plata contra el aborto en el país.

La que está en cuestión en el caso Jackson Women’s Health Organization vs Dobbs es la Ley de edad gestacional de Misisipi promulgada en 2018, bloqueada por un juez federal y que prohíbe el aborto después de las primeras 15 semanas de vida prenatal.

En concreto, lo que se debate es si los estados pueden legislar restricciones al aborto antes del llamado momento de viabilidad gestacional, establecido entre las 24 y las 28 semanas del desarrollo humano intrauterino. Esto es lo que, en efecto, establece la famosa sentencia Roe vs Wade de 1973.

No es la primera vez que se cuestiona esta decisión del Tribunal Supremo. En el año 1992, la sentencia del caso Planned Parenthood vs Casey determinó que si era lícito legislar para el periodo de gestaci´ón previo al señalado por Roe v. Wade, no se podía imponer una «carga indebida«, definida como «un obstáculo sustancial en el camino de una mujer que busca un aborto de un feto no viable» (sic). Algo así como «ustedes pueden legislar como quieran, pero como yo les digo».

Se prevé que la sentencia sea publicada hacia el mes de junio de 2022. Es el tiempo que según diversos analistas van a tomarse los nueve miembros del Tribunal Supremo, que tras el paso por la Casa Blanca del outsider del Partido Republicano Donald J. Trump, están en un teórico equilibrio de fuerzas de 6 a 3 favorable a los conservadores.

No en vano, tanto Gorsuch, como Kavanaugh y Barret, los elegidos por Trump para formar parte del Tribunal Supremo de los Estados Unidos que superaron, no sin dificultades y bajo inmensas campañas de difamación, las preceptivas audiencias públicas ante las cámaras legislativas.

Fueron especialmente sonadas las acusaciones falsas de acoso sexual formuladas contra Kavanaugh por excompañeras de su periodo universitario y aireadas por grupos de feministas radicales.

También las invectivas contra la madre de familia numerosa Amy Coney Barret, por su compromiso religioso.

Tsunami jurídico a la vista

Si la decisión del Tribunal Supremo fuera contraria a lo establecido en la sentencia de Roe vs. Wade hace casi 50 años, al menos 26 estados de la unión de excolonias británicas en el norte del continente americano podrían ver modificada su legislación de manera sustancial.

En la mayoría de los casos, se trataría de la entrada en vigor de normas que suponen un avance en la defensa de la vida humana o, incluso en algunos casos, la práctica prohibición del acto criminal de provocar la muerte de un ser humano, en este caso antes de su nacimiento.

Algunas de estas normas, anteriores a Roe vs. Wade, prohibían de forma explícita el aborto en al menos 9 estados. En otros 13, existen normas de carácter provida ya aprobadas, pero suspendidas por la vigencia de Roe vs. Wade, que entrarían automáticamente en vigor. Al menos cuatro (Alabama, Arkansas, Oklahoma y Utah) tendrían una práctica prohibición total del aborto. En otros entrarían en vigor las disposiciones constitucionales del Estado que no permiten la protección de la práctica del aborto. También habría estados que limitarían la práctica del aborto después de las seis u ocho semanas de vida prenatal y otros desde el primer latido fetal, alrededor de los 10 días de desarrollo intrauterino.

Una bala de plata contra la industria del aborto se debate en el Tribunal Supremo de los Estados Unidos. Los detalles, de la mano de @cardenasnicolas, a continuación:

Algunos datos sobre Roe vs. Wade

El caso Roe vs. Wade está lleno de detalles truculentos y, al fin, esperanzadores. Discutido por primera vez en diciembre de 1971, fue revisado por el Tribunal Supremo en octubre de 1972 y finalmente sentenciada en enero de 1973.

  • Tras el pseudónimo de Jane Roe se halla a Norma McCorvey. Tenía 21 años y se encontraba embarazada por tercera vez. Mal aconsejada, buscó abortar en el estado de Texas, donde sólo estaba previsto como caso inevitable y extremos en la lex artis médica, cuando existe un riesgo real e inminente para la vida de la madre.
  • Las abogadas feministas Linda Coffee y Sarah Weddington andaban en aquellas fechas a la caza de un caso que utilizar para lograr la legalización del aborto en los Estados Unidos. Contactaron con Norma y la convencieron para que mintiera asegurando que había sido violada. La hija de Norma nació finalmente y fue dada en adopción antes de que se resolviera el caso.
  • El médico Bernard Nathanson, que fundó en 1969 la Asociación Nacional para la Abolición de las Leyes de Aborto (NARAL), reconoció pasados los años que se inventaron la cifra de apoyo del 60% al aborto «sabiendo que si se hiciera una verdadera encuesta seríamos profundamente derrotados». Utilizaron la táctica de la profecía autocumplida en la certeza de que «pocas personas se preocupan por ser una minoría».
  • Del mismo modo, se exageraron las cifras de abortos realizados fuera de la ley, incidiendo en la idea de que eran peligrosos para la vida… de la madre. De la del hijo que era sacrificado no se decía nada. El propio Nathanson asegura que se inventaron el mantra del millón de abortos ‘peligrosos para la madre por ilegales’ a sabiendas de que no superaban en ningún caso los 100.000. Como consecuencia de ésta, también se difundió la consecuente mentira: más de 100.000 mujeres muertas por abortos clandestinos al año. La realidad es, según Nathanson, conocido entonces como el ‘Rey del aborto’, que no superarían las 300. Una cifra terrible, aún sin tener en cuenta a los hijos que también fueron muertos, pero muy alejada de la propaganda abortista.
  • La sentencia se basa en una interpretación torticera de la 14ª Enmienda a la Constitución que contiene una cláusula de protección igualitaria, que fue retorcida para amparar el falso derecho al aborto. ¿Cómo iba a preservar el aborto una enmienda consecuencia de la Guerra de Secesión en un momento en que 30 de los 37 estados prohibían el aborto en sus códigos penales? Aún más, Ohio aprobó, cuatro meses después de esta enmienda, una ley que penalizaba el aborto desde la concepción.
  • Roe vs. Wade también se basa en la idea de que la maternidad es un lastre para las mujeres, que no pueden desarrollarse en otros aspectos vitales como el profesional a consecuencia del privilegio natural de la gestación de nuevos seres humanos. Si en 1973 tuviera algún viso de verdad esta aseveración, queda absolutamente obsoleta hoy en día. La presencia de la juez Barret en el Tribunal Supremo, madre de siete hijos, es enmienda suficiente a este planteamiento.
  • La sentencia de 1973 se apoyó de igual modo en que el desarrollo científico de la época aún ofrecía sombras sobre el inicio de la vida humana. Hoy es innegable que existe un individuo de la especie humana con todas sus potencialidades desde el momento mismo de la fusión de los gametos femenino y masculino. No hay plazo del desarrollo prenatal que valga: lo que se aborta es, sin lugar a dudas, un ser humano.

El dato más esperanzador sobre este caso es que tanto Norma McCorvey como el doctor Bernard Nathanson, que protagonizaron la campaña de falsedades para legalizar el aborto en los Estados Unidos, se hicieron provida. Reconocieron su error, unieron sus esfuerzos con determinación a la causa de la defensa de la vida humana, desvelaron las trampas del proceso y, con su testimonio, encendieron la chispa de un movimiento creciente cuyo momento más icónico, hasta la fecha, fue la participación del presidente de los Estados Unidos Donald Trump en la Marcha por la Vida que cada año se celebra precisamente el día en que el caso Roe vs. Wade fue sentenciado.

Está por ver si a partir del próximo año esa cita vea modificada su fecha al mes de junio, cuando previsiblemente se conozca la sentencia del nuevo caso que puede revertir en buena medida Roe vs. Wade.

Habrá que esperar hasta entonces para saber si esta sentencia será o no la bala de plata esperada por el movimiento provida.


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¡Vivan los quijotes!

La cabra tira al monte, dice el refranero. He tenido unas casi irrefrenables ganas de abordar -abusando de la generosidad de los editores de La Iberia- el descarado documento contra la libertad de prensa perpetrado en el Congreso de los Diputados por el cártel censor de los partidos que apoyan al Gobierno. No está de más que los nombremos: PSOE, Unidas Podemos, ERC, PNV, EH Bildu, Junts perCatalunya, PDCat, Más País-Equo, CUP, Compromís, BNG y Nueva Canarias. Lo mejor de cada casa, como se puede comprobar.

Bastará con trazar al respecto alguna pincelada que creo que resulta de interés. Esta maniobra simboliza el mundo al revés en el que está instalada la política española, cada vez más en peligro de resbalar por la pendiente represora y dictatorial. Y al tiempo, es significativo el dontancredismo exhibido por los periodistas no señalados como no gratos y el escorzo imposible de la Asociación de la Prensa de Madrid esbozado en un escueto comunicado de equidistancia nauseabunda.

El silencio cómplice de tantos periodistas al insulto pretendido de las “burbujas mediáticas de ultraderecha” que enarbola Gabriel Rufián en la sala de prensa del Congreso es un insulto real sobre esta noble profesión prostituida por tantos.

Mucho más esponjoso para el alma es el ejemplo de Justo Gallego Martínez, así, con sus dos apellidos, que es como se nombra en las enciclopedias de personajes históricos a quienes merecen ocupar sus páginas.

Justo Gallego Martínez, constructor de la catedral de Mejorada del Campo.

Después de 60 años en el empeño de su catedral, y a cuatro de alcanzar la centena, este hijo predilecto de Mejorada del Campo ha partido a la casa del Padre. Y, confiando en la misericordia, me he imaginado que será recibido con campanillas por san Pedro a las puertas del cielo.

Don Justo era un hombre de fe recia y sólida. Probablemente no de altos vuelos teológicos. Y, sin embargo, capaz de elevar hacia la bóveda celeste del campo madrileño un monumental edificio -dedicado a la Virgen del Pilar- que habla bien de su confianza y su tesón.

La epopeya de don Justo está inconclusa. Pero será completada, porque junto a todo quijote camina paciente un sancho. En este caso se trata de Ángel López, el único ayudante que este remedo posmoderno del maestro Mateo ha tenido desde hace casi un cuarto de siglo.

¡Vivan los quijotes!, esos que se atreven a entregar la vida en construir el bien y en defender causas nobles, perdidas a ojos mundanos

No es poco lo que han levantado: 12 torreones, 28 cúpulas, alturas de 50 metros, miles de metros cuadrados de una construcción para la que ha contado con materiales reciclados, inspiración divina -no tienen estudios de arquitectura- y una enorme dosis de desparpajo contra todo desaliento. “Más pálpito que cálculo”, decía García Morente del ideal del caballero cristiano. Hélo aquí.  

En realidad, la valentía de los periodistas de la cadena 7NN y el canal Estado de Alarma señalados por el poder por incómodos, mientras hace eco el silencio cómplice de tantos ¿compañeros? de profesión, tiene mucho que ver con la determinación de los constructores de la llamada catedral de Mejorada, una localidad que dista unos 15 kilómetros de Alcalá de Henares, cuna del más grande autor de nuestras letras, Miguel de Cervantes.

En un mundo convulso en el que más parece que los infiernos están sobre nuestras cabezas y no los cielos; donde los aspectos más evidentes de la realidad, incluso biológica, son negados con contumacia; y se conculcan derechos fundamentales como el derecho a la vida o pilares de nuestro sistema de convivencia como la independencia judicial o la libertad de prensa, cabe proclamar a pleno pulmón: ¡Vivan los quijotes!

¡Vivan los quijotes!, esos que se atreven a entregar la vida en construir el bien y en defender causas nobles, perdidas a ojos mundanos.

¡Vivan los quijotes!, los empecinados en descubrir y defender la verdad; los tozudos que no dan ninguna vida por perdida, inútil o prescindible.

¡Vivan los quijotes!, los tercos que sueñan en grande a pesar de las heridas, los achaques y las mentiras; los incorregibles que, contra su fama y hacienda, ofrecen su vida para mostrar la belleza.

Claro que sí, repitan conmigo: ¡Vivan los quijotes! ¡Vivan los quijotes! ¡Vivan los quijotes!

Publicado en La Iberia


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Sexo para inconformistas

Vivimos probablemente en una de las sociedades más pansexualizadas. Cuestiones relacionadas con el sexo están presentes lo mismo en el Parlamento que en las conversaciones del bar, pero también en los medios de comunicación, así se hable de los asuntos más prosaicos.

No es menos evidente el uso que se hace de atmósferas y ambientes sexualizados en la publicidad. Tampoco la presencia forzada de temas sexualizados en clases de menores que aún no son conscientes de su naturaleza sexuada. Y no podemos dejar de citar asuntos de máxima gravedad como que la pornografía y la prostitución sean dos industrias crecientes a costa de arrasar la dignidad humana de tantas personas o que se trate de desnaturalizar el sexo a través de multimillonarias campañas mundiales de corte ideológico.

Por eso siempre es reconfortante que un buen amigo, con quien comparto la inquietud por este panorama que afecta al corazón de las relaciones entre hombres y mujeres, me recomiende un libro como ‘Sexo para inconformistas. Hay otra manera de vivirlo‘, publicado por Trinidad Puente y Alberto Baselga.

Los autores aprovecharon el tiempo de la pandemia para redactar a cuatro manos este libro que busca «explicar cómo somos de diferentes varones y mujeres» desde su experiencia acumulada en su labor profesional a través del Gabinete 2RD donde se dedican a ayudar a «disfrutar del matrimonio» a quienes atraviesan dificultades.

Se trata de un volumen de menos de 170 páginas, que se puede leer de un tirón en una buena tarde, pero que también merece una atención más pausada. Escrito en un tono coloquial y muy asequible parta todo tipo de lectores, es adecuado para multitud de públicos: matrimonios con ganas de crecer en su relación o con necesidad de afrontar alguna dificultad; padres que quieren prepararse con tiempo -o con necesidad imperiosa- para abordar la educación de sus hijos ya desde la preadolescencia; profesores y educadores con labores formativas a su cargo, etc.

Uno no sabría decir si es más interesante en cuanto ayuda a comprender esta dimensión esencial del ser humano sobre uno mismo o sobre la persona del sexo contrario

Sin rechazar ni eludir una fundamentación trascendente, los autores abordan las cuestiones más básicas acerca del ser sexuado de varones y mujeres sobre la base de datos científicos y una perspectiva académica que no se anda por las nubes de la intelectualidad, sino que, anclada en su experiencia clínica, es aterrizada con multitud de casos reales que iluminan.

En ‘Sexo para inconformistas. Hay otra manera de vivirlo‘ el lector se asoma a un retrato robot de la sexualidad masculina y femenina que ya en su diferenciada extensión nos ofrece un dato de interés: las explicaciones sobre la sexualidad masculina ocupan una decena de páginas menos que las que analizan la sexualidad femenina. Éstas además se dividen en 21 apartados, mientras que las cuestiones masculinas se resuelven en 11.

Y uno no sabría decir si es más interesante en cuanto ayuda a comprender esta dimensión esencial del ser humano sobre uno mismo o sobre la persona del sexo contrario.

Desde luego, el volumen no obvia ningún asunto esencial sobre la cuestión sexual y aterriza en algunos de ellos con sugerentes enunciados como «Qué debe saber la mujer sobre la sexualidad masculina»; «Qué les pasa a los hombres con el sexo»; «Cómo funciona el sexo en la mujer»; «Cuando las mujeres no queremos tener relaciones» o «Qué quiero yo de mi marido: expectativas reales y expectativas falsas».

El ser humano, una vez creado, se construye a lo largo de su vida, fundamentalmente a través de las relaciones con otras personas. También de las relaciones sexuales

Incluso aborda un tema que podría parecer tabú, anticuado o pasado de moda como la posición de los autores contraria a que los novios mantengan relaciones sexuales antes del matrimonio. Entre otras argumentaciones, me han resultado brillantes dos.

La primera es que no hay que dar explicaciones. Es una decisión, la de no mantener relaciones sexuales plenas antes del matrimonio, que uno toma en su libertad sin tener que justificarse ante la sociedad pansexualizada.

La segunda es bastante más práctica. Al argumento habitual de la ‘necesidad’ de conocer si hombre y mujer son ‘compatibles’ en el campo sexual, se responde con franqueza y de forma, a mi modo de ver, inapelable: «Aunque probéis ahora, igual dentro de 10 años habrá que conciliarlo de nuevo. No te da seguridad de nada probarlo ahora».

Esto sucede no sólo en el campo sexual, sino en todos los órdenes. El ser humano, una vez creado, se construye a lo largo de su vida, fundamentalmente a través de las relaciones con otras personas. También de las relaciones sexuales.

Avanza, tropieza, se equivoca; perdona, reacciona, lucha, abandona, se supera. Y en cada una de estas acciones, en las que juega un papel primordial la libertad, va configurando su carácter. El yo de la infancia comparte cosas con el yo de la adolescencia, pero también es muy diferente. Y así en todas las etapas de la vida.

Aprender algunas consideraciones básicas sobre la dimensión sexual del ser humano, que se hace plena en la complementariedad del modo masculino y el modo femenino en que lo somos, es, ciertamente, una cuestión para inconformistas.

Frente a la sociedad pansexualizada que desdibuja y emborrona la naturaleza sexual del ser humano, tienen razón los autores del libro: hay otra manera de vivirlo.


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8 formas de acabar con la ‘violencia de género’

Cada 25 de noviembre se celebra el Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Así al menos es como lo titula la Organización de las Naciones Unidas, aunque comúnmente, al menos en España, se conoce como el Día contra la Violencia de Género.

Cualquiera que no sea un psicópata, un inconsciente o alguien con problemas para encajar heridas emocionales pasadas está de acuerdo en que la violencia es un mal que deber ser prevenido a priori, combatido con la fuerza legal cuando se produce y castigado a posteriori.

Esto es aplicable a todo tipo de violencia, no sólo a la que se produce contra la mujer. Y, por supuesto, no sólo contra la que se produce contra la mujer por un varón.

En ese empeño, quiero aportar 8 consideraciones para erradicar la llamada violencia de ‘género’.

1.- No la llamen violencia de género

No porque sea un nombre más o menos feo o controvertido. Eso es lo de menos. Lo importante es que no responde a la realidad de las cosas y, por tanto, no designa una verdad. Y los problemas hay que afrontarlos desde la realidad de los datos porque, si no, son irresolubles.

El género es el material con que está hecha una prenda o una categoría gramatical. Confundir el sexo biológico con un sentimiento o una autopercepción sólo impide abordar las cosas como son.

2.- Eliminen la legislación inútil

El 28 de enero de 2005 entró en vigor la Ley Orgánica de Medidas de protección Integral contra la Violencia de Género. Fue aprobada por unanimidad de los partidos con representación en el Congreso en ese momento.

Se trata de una ley que subvierte algunos principios del Derecho como la presunción de inocencia e impone mecanismos antijurídicos como la inversión de la carga de la prueba, de tal forma que es el denunciado el que debe probar su inocencia y no, quien acusa, la culpabilidad.

Pero es que además de ir contra natura de la ley, es ineficaz para el supuesto objetivo que persigue. Sólo en la última década, según datos del INE, el número de mujeres consideradas víctimas se ha mantenido estable en torno a las 30.000. En todo caso habría que discutir mucho sobre cómo se obtiene la condición de «víctima», cuando se han habilitado mecanismos para que estamentos administrativos extrajudiciales puedan conceder tal condición o se incluyen mujeres por el mero hecho de denunciar, aún sin sentencia condenatoria para el supuesto agresor.

El sambenito de maltratador cuando te han detenido un viernes por la tarde en la puerta de tu lugar de trabajo o en la escalera de tu edificio es una losa demasiado pesada para la mayoría

Si fijamos la vista en el número de mujeres asesinadas por varones desde que se tienen estadísticas referidas a la -mal llamada- violencia de género (2006) se han superado las 1.000, con una media de unas 60 al año.

Llama poderosamente la atención que las cifras más bajas de mujeres asesinadas registradas se hayan producido precisamente en los años 2020 y 2021, en plena pandemia, cuando las situaciones de convivencia en los hogares han sido de especial dificultad y estrés, aún en las familias más funcionales a estos efectos, confinamiento ilegal (Tribunal Constitucional dixit) incluido.

3.- Desmonten el sistema judicial viciado

Las conversaciones con muchas de las víctimas de la ley anteriormente citada a lo largo de los últimos años y una buena dosis de investigación me lo han confirmado.

El sistema judicial destinado a abordar este asunto tiene gravísimas deficiencias. Sin ánimo de ser exhaustivo citaré dos cuestiones.

La primera, que los juzgados especializados se han convertido, de alguna manera, en tribunales en los que los acusados casi nunca pueden salir bien parados. Tan es así que un numero altísimo de procesados acepta condenas en conformidad la primera vez que son denunciados, por miedo a no volver a ver a sus hijos y como mal casi inevitable para no entrar en la cárcel.

La segunda, que los equipos psicosociales son estructuras alegales, asociadas a los juzgados, que ejercen labores filopericiales sin necesidad de aplicar criterios normales de imparcialidad, mérito o sorteo para su elección, con lo que se vician los procesos.

La paradoja de todo esto es que la inmensa mayoría de los denunciados (en torno al 80 %) no llega a ser condenado, pues las causas se archivan o son sobreseídas. Sin embargo, esto no impide que se desate, tras cada denuncia sin probar, un tsunami de consecuencias personales, familiares, laborales, jurídicas y sociales que llevan a la desesperanza de muchos varones. Y, en el peor de los casos, al suicidio.

Porque el sambenito de maltratador cuando te han detenido un viernes por la tarde en la puerta de tu lugar de trabajo o en la escalera de tu edificio es una losa demasiado pesada para la mayoría.

4.- Usen bien el dinero: no más chiringuitos

Visto que no mejoran las cosas, merece la pena plantearse en qué demonios se están gastando las millonadas de euros destinadas a estos menesteres. Pues en todo y en nada, valdría decir. En todo aquello que no produce ningún beneficio tangible para acabar con esta tragedia y en nada realmente útil para obtener el mismo fin.

Está contado hasta la saciedad, pero nunca parece que sea suficiente, que existe una red clientelar de organizaciones, empresas jurídicas, grupos, asociaciones y chiringuitos varios que, a cuenta de la -digámoslo una vez más- mal llamada violencia de género llevan muchos años viviendo de dar la matraca y no solucionar nada.

Sólo el Pacto contra la Violencia de Género suscrito en 2017 preveía una inversión -hoy confirmado despilfarro- de 1.000 millones de euros durante 5 años.

Pero hay mucho más y no parece que los datos signifiquen nada para los gobernantes, a la vista de las últimas noticias: El presupuesto del Ministerio de Igualdad se duplica por encima de los 500 millones de euros, con la excusa de dedicarlo, precisamente, a combatir la -mal llamada- violencia de género.

5.- Analicen el factor cultural en serio

Uno de los mantras asociados a este asunto es el de que existe un fantasma asesino e implacable en la sociedad llamado heteropatriarcado que, de manera estructural y cultural, fomenta en el varón una tendencia irrefrenable a ser violento contra las mujeres. La exalcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, fue más allá al asegurar que esa tendencia concupiscente está insertada en el ADN de los hombres. Y no hace falta más comentario al respecto.

No hay más que asomarse a los datos con un poco de rigor para advertir que no existe tal estructura social opresora en España que ‘fabrique’ de serie asesinos en potencia.

Ninguna acción temeraria por parte de una mujer justifica que sea objeto de violencia. Pero no estaría de más fomentar la responsabilidad

Según datos del Ministerio de Igualdad recogidos por EPData, 721 mujeres fueron asesinadas a manos de varones nacidos en España entre 2003 y 2020. En el mismo periodo, 342 mujeres fueron asesinadas a manos de varones nacidos fuera de España. Esto supone que en el 32,1 % de los casos, el varón asesino nació en un país con una cultura diferente de la nuestra.

No hace falta ser un lince para deducir que los nacidos en otros países perpetran muchísimo más este tipo de crímenes, en proporción a su población. Según el Instituto Nacional de Estadística el 15,4 % de los empadronados en España nacieron en el extranjero a 1 de enero de 2021.

Hagan la cuenta de a cuántos asesinatos tocamos los celtíberos irresolublemente machistas y heteropatriarcales, siendo el 85 % de la población y a cuántos los nacidos en otras tierras, el 15,4 %, con otros estándares sobre la igualdad entre hombres y mujeres o las mínimas normas cívicas de convivencia. Por cierto: el país de origen más numeroso entre los extranjeros que viven en España es Marruecos, país de mayoría musulmana.

He abundado en el argumento de la sociedad con códigos misóginos inamovibles porque es el que emplean los ideólogos de género, pero no puedo cerrar el dato sin advertir, que la nacionalidad por sí misma no explica nada. Existen otros muchos factores como la tasa de alfabetización, el nivel de estudios, la renta anual, el lugar de residencia, etc. que seguro que también influyen en la ecuación. Jugarlo todo a la baza del origen nacional o extranjero es tan temerario como injusto, aunque generalizar pueda ser útil desde el punto de vista argumentativo en ocasiones.

6.- Combatamos toda violencia

Aunque suene insano, lo cierto es que las causas aparentemente más nobles -aunque estén pervertidas como es el caso- se vuelven odiosas, o al menos rechazables, cuando se nos machaca constantemente como si no hubiera otro asunto que tratar, por grave que sea.

Llevamos tantos años oyendo campañas contra la -mal llamada- violencia de género y este concepto se ha ampliado tanto, que da la sensación de que todo lo es: Abrir una puerta, ceder el paso, dar una mala contestación a una mujer -con razón o sin ella-, lanzar un piropo, invitar a tomar algo, mirar con interés…

Oigan, si vamos a combatir la violencia o el maltrato a la mujer no deberíamos dejar de lado cuestiones como la prostitución, la esclavitud sexual, la pornografía, el acoso laboral por causa de la maternidad, la utilización de mujeres en ‘granjas’ de vientres de alquiler, la mutilación genital o el aborto. Todos ellas son realidades que ejercen violencia contra la mujer que, o se obvian o se aplauden o se desprecian.

7.- Eduquen en la responsabilidad

Ninguna acción temeraria por parte de una mujer justifica que sea objeto de violencia. Pero no estaría de más fomentar la responsabilidad, en especial en la juventud.

Cuando se incita a los jóvenes a vivir al límite de las pasiones, los deseos y los meapetece del momento, enturbiando la sagrada libertad hasta convertirla en libertinaje, se les monta en un coche sin frenos, embalado hacia un precipicio.

Repito, ninguna imprudencia justifica ni ampara que se sea objeto de un acto de violencia. Pero de ahí al «sola y borracha quiero llegar a casa» que enarbolaba la ministra de Igualdad, hay un trecho. Un abismo más bien. ¿Cómo se puede desear a nadie, menos a una adolescente, que ingiera más alcohol del recomendable y que retorne al hogar en soledad, sin ayuda?

8.- Enseñen una antropología verdadera

El mal sólo se vence por el bien. Y por eso hay que educar en lo bueno, lo bello y lo verdadero y no imponer a todas horas consignas ideológicas fuera de la realidad, por lo que ya se ha apuntado más arriba.

Es necesario comunicar la grandeza de la dignidad humana, de su esencia dialógica y relacional. El ser humano se explica y crece en la complementariedad del varón y la mujer y en el fruto creativo de su encuentro.

Cualquier cosa que no sea mostrar el bien, la belleza y la verdad de esta complicidad integradora es ocultar una antropología adecuada a la realidad del ser humano, la única capaz de combatir esta lacra.

El resultado de las políticas desarrolladas hasta la fecha por la mayoría de las administraciones, que consiste en atizar las brasas del enfrentamiento entre sexos, es desastroso.

Ya no sólo por las víctimas mortales, que por supuesto, sino porque esa siembra sólo cosecha desconfianza, ruptura, sospecha, dolor o incomprensión. Y con ese grano no sale harina sino mohína existencial que socava las bases de las familias, los barrios o las corporaciones sociales intermedias de todo tipo.

Sólo con se aplicara esta última recomendación en serio durante el número suficiente de años, sería suficiente. Pero de momento me parece que contar con la administración y la mayoría de los partidos políticos es imposible.

Lo mismo es que ha llegado nuestra hora.


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Patente de corso posmoderna

Como es conocido, los corsarios eran algo así como piratas legales -con patente de corso-. Se dedicaban a desvalijar y hundir embarcaciones de naciones enemigas en tiempos de guerra… y en tiempos de paz si la ocasión se ponía a tiro. La palabra corsario proviene del latín cursus que significa carrera. Por lo tanto, los corsarios fueron saqueadores de los mares que hacían «carrera» a costa de quienes gobernaban.

Hoy, como antaño, la práctica de la guerra de corso sigue vigente. Los piratas posmodernos a sueldo de los gobiernos -de partidos distintos- adheridos al combate contra la verdad del ser humano mantienen este peculiar modus vivendi, pero actualizado.

Claro es que ya no es necesario saber interpretar las ‘cartas de marear’ -como se nombraban los mapas en tiempos de Juan de la Cosa-, afilar el alfaje o cargar con p´olvora y plomo espontones, chuzos y arcabuces. Tampoco son objetos directos de su codicia y fiereza galeones, goletas, carabelas o fragatas.

Han trocado las armas físicamente mortales por una avalancha ingente de consignas ideológicas contra natura que matan el alma. Tampoco son ya sus víctimas directas las de entonces. Ahora dirigen sus embates de forma preferente contra la infancia y la juventud.

Lo que no ha cambiado es el beneficio económico que les reporta. Veamos dos ejemplos:

El líder de la escisión podemita Más País, Íñigo Errejón, fue grabado arengando a sus seguidores en estos términos: «Hace falta una estructura económica autónoma que vaya a permitir acoger una buena parte de los cuadros militantes que hoy se están dedicando a los trabajos institucionales». Traducido: cuando dejen de cobrar sueldo público, que cobren subvenciones con cargo al erario público a través de los chiringuitos. Y enfatizó: «La militancia no se sostiene sólo del aire«. En eso no se le puede reprochar falta de sinceridad. O sí. Luego lo veremos.

No se trata de demonizar la subvención porque sí. Un cierto nivel de inversión pública para mejorar la vida de los ciudadanos es necesario. Y , como casi todo en esta vida, la asignación económica a través del BOE no es buena ni mala por su propia esencia, sino en función de cómo se conceda y cómo se utilice. Hay actividades, esfuerzos culturales o desarrollos industriales que deben ser impulsados con políticas públicas. De eso no nos cabe la menor duda.

Lo que no tiene un pase es el fomento a cargo de los impuestos de grupos y organizaciones que machacan las bases mismas de la sociedad -estructuras de pecado según la Doctrina Social de la Iglesia-.

Repartidas con justeza y justicia y destinadas a fines nobles y buenos, que respondan a la verdad del ser humano, las subvenciones son una bendición

Frente al escándalo de los corsarios posmodernos, es refrescante comprobar que existen grupos de personas arriesgadas, clarividentes y empecinadas -en el mejor sentido histórico genuinamente español- que se lanzan a los mares abandonados a la Providencia y confiados en el óbolo de la viuda para sostenerse.

Así es que ¿Errejón estaba en lo cierto cuando señaló que «la militancia no se sostiene sólo del aire»? En parte, ya lo hemos señalado, está en lo cierto. Todos tenemos unas necesidades vitales que cubrir y está bien que el Estado colabore en este empeño. Y no me refiero sólo a las más imprescindibles en el orden material, intelectual o social (comida, casa, educación, seguridad), sino también a otras que pueden parecer más prosaicas, pero que están enraizadas en lo más profundo de nuestro ser relacional: familia, amistad, esparcimiento…

La reflexión debe pivotar para mayor provecho no sobre su existencia, sino en el cómo y el para qué. Repartidas con justeza y justicia, y destinadas a fines nobles y buenos que respondan a la verdad del ser humano, las subvenciones son una bendición.

Si, al contrario, fomentan la vagancia, la intolerancia, la mentira, la discordia o el odio y buscan subvertir el orden natural de lo creado, incluido el ser humano, las subvenciones son una maldición. Mucho más si esta perversión de los fines viene acompañada por una corrupción de los medios con que se distribuyen dichos fondos.

Convencido, como señaló Chesterton hace un siglo, de que es necesario no rehuir la calificación moral en el comentario periodístico de la actualidad, concluyo: No está bien que unos pocos -o muchos- hagan carrera de la piratería legal subvencionada. Ni aunque nos sobrara el dinero.


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Responsable es el que responde

Seguro que recuerdan la escena de Forrest Gump en la que el protagonista afirma, como si se tratara del Oráculo de Delfos, la tautología ya famosa: «Tonto es el que hace tonterías». Mutatis mutandis, cabe decir que la persona responsable es la que responde.

Sin embargo, estamos en un momento de la vida social y política española en el que la responsabilidad cotiza a la baja. O lo que es peor, la irresponsabilidad está experimentando una hiperinflación cada vez más insoportable. Veamos algunos ejemplos.

Una serie de líderes políticos independentistas deciden organizar un golpe de estado. Algunos de ellos, huyeron. Otros permanecen y son juzgados y condenados. ¿Qué hace el Gobierno sostenido por los mismos golpistas? Indultarles. Es decir, anula la posibilidad de que respondan de sus actos.

Una mujer, tal vez manipulada por una agrupación de feministas subvencionadas (disculpen el pleonasmo), decide secuestrar a sus hijos para apartarlos de su padre. Es condenada por el Tribunal Supremo. ¿Qué hace el Gobierno que dedica ingentes sumas de dinero a regar los chiringuitos feministas? Indultarla también, señalándola como irresponsable de ejercer tal violencia sobre su exmarido y sus hijos.

Hay que reivindicar una y otra vez a Jordan B. Peterson quien, señalado por la cultura de la cancelación y la corrección política, se ha constituido en los últimos años en el apóstol de la responsabilidad

Una banda terrorista de extrema izquierda, con cerca de 1.000 asesinatos a sus espaldas -más de 300 sin resolver-, abandona la ejecución de crímenes de sangre y la extorsión tras 60 años. Ni uno sólo de sus miembros condenados y encarcelados colabora en esclarecer asesinatos o secuestros. ¿Qué hace el Gobierno? Acercarles en lotes semanales a menos de 200 kilómetros de sus casas. Tanto vale como que en parte les libera de su responsabilidad como asesinos.

El portavoz de un grupo parlamentario comparece en rueda de prensa y se niega a responder a una pregunta sobre su posición a cerca de una ley. Increíble, pero cierto: el responsable de trasladar la voz de una agrupación política se niega a ejercer su función esencial y constitutiva. Queridos niños: un portavoz que se niega a responder es… ¡Bingo! ¡Un irresponsable!

El Gobierno decide que los estudiantes, cuya única obligación es estudiar y asumir los conocimientos básicos para desenvolverse en el futuro, no sean evaluados y puedan pasar de curso sin constatar un mínimo aprendizaje. Esto ya no es aplaudir la irresponsabilidad: es crear una cantera de seres informes incapaces de enfrentarse a la vida adulta pocos años después.

Estamos rodeados de irresponsables por todas partes y probablemente nos vemos muchas veces contaminados por este ambiente de flacidez volitiva y de molinillos de derechos inventados.

Hay que reivindicar una y otra vez a Jordan B. Peterson quien, señalado por la cultura de la cancelación y la corrección política, se ha constituido en los últimos años en el apóstol de la responsabilidad.

Buena parte de su discurso gira en torno a la apelación a la responsabiildad individual frente a las ideologías colectivistas y al estructuralismo social.

Y no por capricho. Quien no asume una responsabilidad en su vida, no es capaz de darle un sentido. Quien no se echa al hombro un deber, es incapaz de progresar, de crecer, de mirar a la realidad a los ojos con la cabeza alta.

Esta es la sociedad que persiguen quienes fomentan la irresponsabilidad: una formada por seres anodinos, cansados de existir, desmemoriados del mínimo orgullo y aprecio personal, pero muy pagados de sí… manipulables, al fin.

Publicado en LaIberia.es

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Las alegrías de don Ramón

Era la primavera de 1989. La luz entraba con toda su fuerza en la clase de 3ºB y reposaba, dulcemente, sobre las hojas y las flores de la gigantesca planta que velaba, desde lo alto, en el alféizar de la ventana, por todos los alumnos.

Yo era un estudiante corriente en lo académico y bastante pillastre y no entraba en el lote. Me refiero al reparto de esquejes que, hacia el mes de mayo, realizaba don Ramón a quienes habían obtenido buenas notas o habían destacado por su buen comportamiento. Eligió a los merecedores de tal distinción y les dio el plazo de una semana para llevar una maceta con tierra.

La mayoría de ellos lo hizo sin demora, atendiendo a las indicaciones del profesor. Sin embargo, hubo uno que se retrasaba, a pesar de que cada día, don Ramón se lo recordaba. Y la pereza dictó su sentencia: el primero que acudiera con una maceta a recogerla, se la llevaría.

A mí aquella planta me gustaba mucho. No sé si por el verde intenso de sus hojas, o porque era muy grande, o porque, no sin cierta envidia, hubiera deseado ser merecedor del esqueje. Me propuse, ya que no había estado entre los más estudiosos ni entre los más disciplinados, ser al menos, el más espabilado.

Todo puede empezar en una ilusión, pero se necesita un amor maduro y entregado para que fructifique

Pero la primera tarde, al llegar a casa, se me olvidó comentarlo a mis padres. Y la segunda también. Hubo suerte. Nadie se adelantó. Pero a la tercera fue la vencida. Volví a casa muy contento.

Llegó, mal que bien, a casa aquella tarde. Era apenas un pequeño tallo, con una o dos flores. Mi padre, que de joven dedicaba ratos a cuidar de una huerta, se encargó de buscarle un sitio luminoso, donde poder crecer.

Pasaron los días y mi entusiasmo inicial por la planta fue decreciendo. Pero no el de mi padre, que la defendió de los veranos de infierno en Madrid, de la voracidad de las palomas, de nuestro despiste en los días en que no estaba y no regábamos…

Hubo un tiempo en que tanto la casa donde vivíamos en Madrid como en nuestro refugio de verano en el norte, todo estaba lleno de plantas que a nosotros nos gustaba llamar las bisnietas y tataranietas de aquella primera. Pero también, por diversos avatares, estuvimos a punto de perderlas todas.

Hubo un año que, a la vuelta de verano, tan sólo quedaba un tallo pequeño, casi seco, picoteado por las palomas, que en nada hacía recordar al esplendor de la gran planta de mi clase.

Le quitamos las hojas muertas y lo humedecimos durante varios días, hasta que volvió a sacar raíz. Y, envuelto en papel mojado, a la primera oportunidad, lo llevamos al otoño norteño para que la humedad y la buena tierra hicieran su parte. Y todo volvió a la normalidad.

Han pasado los años. Dos, cinco, quince, veinte, treinta… Mi padre sigue cuidando a las descendientes de aquél esqueje. Y yo, que hace más de una década que dejé su nido, he continuado su esfuerzo y hoy tengo alegrías en casa.

El esfuerzo, el tesón, la paciencia y el cariño fructificaron e hicieron posible el milagro cotidiano de tener, lustro tras lustro, la casa llena de… ¿No lo he dicho? Pues sí. Estas plantas, con sus preciosas flores, se llaman alegrías. Y no es casualidad.

Porque para llenar una casa de alegrías hacen falta esas virtudes y muchas más.

Porque todo puede empezar en una ilusión, pero se necesita un amor maduro y entregado para que fructifique.

Porque hay más alegría en dar que en recibir.

Porque aunque la mayor alegría de todas no la merezcamos, si la buscamos, la encontraremos.


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Dios y el para qué

El accidente a las puertas de un colegio de Madrid ha sido ampliamente comentado. En la mayoría de las ocasiones y en el contexto de los medios de comunicación, más allá de la expresión de un lamento inicial por la tragedia, las opiniones han girado en torno a polémicas partidistas por la metedura de pata de la líder de Más Madrid (escisión de Podemos en la Comunidad de Madrid); o a la necesidad de concienciar sobre los peligros del ‘desembarco de Normadía’ que acontece cada mañana a las puertas de colegios e institutos.  

Se trata sin duda de una situación de máximo estrés para todos, desde los padres y los alumnos, hasta los trabajadores de los centros escolares o el resto de conductores y usuarios de las vías públicas. 

Más allá del dolor, hay una historia hermosa en todo esto. Bien digo, hermosa

Algunos proponen eliminar el tráfico a determinadas horas junto a los colegios. Supongo que esa propuesta sólo logra desplazar el problema a 100 o 150 metros, aumentando el peligro en ese trayecto para los pequeños. 

Pero volvamos a los hechos, porque, más allá del dolor, hay una historia hermosa en todo esto. Bien digo, hermosa. 

Según se ha conocido, tanto la madre de la niña que resultó fatalmente fallecida como la mujer que equivocó el sentido de la palanca de cambios de su coche, se conocían. Y la primera, una vez comprobado con desgarro inefable que su hija estaba muerta, se acercó, brazos abiertos, a consolar a la involuntaria infanticida. Superando -al menos por un momento- su propio desgarro interior, puso su corazón herido al servicio de quien también tenía su corazón hecho jirones, para tratar de sanarlo.

Una de las claves de la fe cristiana es que da sentido a toda la existencia, incluido el dolor, el sufrimiento, la incomprensión, la tragedia…

En algunos mensajes que circulan de móvil en móvil algunos han expresado su desazón y la dificultad de comprender cómo Dios puede permitir tal infortunio. Es una de las preguntas más recurrentes y, por qué no decirlo, más lógicas que se puede realizar. Bien es cierto que se puede inquirir de esta manera para afianzar una postura agnóstica o atea, si quien pregunta entiende que no hay respuesta positiva posible. Pero se le puede dar la vuelta a la cuestión. Preguntar por el porqué se queda pobre. Comprensible, sin duda, pero de miras cortas. 

Una de las claves de la fe cristiana es que da sentido a toda la existencia, incluido el dolor, el sufrimiento, la incomprensión, la tragedia… Y si hay un sentido es que la cuestión debe pivotar más bien sobre el para qué

Y en el desarrollo de los acontecimientos hay, al menos una respuesta. Dios ha permitido este infortunio para que se manifieste de una forma extraordinaria la misericordia con ese abrazo, no de víctima a verdugo, sino de madre a madre. Es ciertamente impresionante, tanto que es difícil de describir. Uno sólo puede meditar la escena en silencio y maravillarse ante tanta grandeza. 

Hay que subrayar, pese a todo, que Dios escribe recto con renglones torcidos… y que nunca se equivoca. Nunca

Andaba yo trasladando estas cavilaciones al papel para compartirlas con los lectores de Woman Essentia, cuando ha entrado mi mujer con el rostro demudado en el cuarto donde escribo en casa. Me cuenta que conocemos a la mujer que vive sin duda atormentada tras provocar el luctuoso accidente. Y a su marido, claro. Estuvimos hace unos meses en su casa una deliciosa tarde, preparando un retiro para matrimonios en el que colaboramos. Recuerdo que estaban algunos de sus hijos. Fue una velada muy agradable.

Todo lo escrito no queda invalidado, pero se me ha quebrado, además de la voz y el corazón, el hilo de este comentario

Es difícil comprender, claro. Nuestro entendimiento y el afecto se rebelan. 

Pero hay que subrayar, pese a todo, que Dios escribe recto con renglones torcidos… y que nunca se equivoca. Nunca. Por eso es Dios. Y esto es, en efecto, un misterio que no se resuelve en un segundo. A veces lleva toda una vida comprenderlo. En ocasiones, las respuestas sólo llegan al traspasar la cancela del tiempo y el espacio, en la eternidad.  

Sea como fuere, no puedo terminar sin testimoniar mi cercanía y ofrecer mi oración a todos los protagonistas directos de esta trágica historia que al tiempo muestra la belleza de la misericordia para quien tiene ojos trascendentes. Dios sabe más.

* Publicado en Woman Essentia.

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Cuidado con las prisas

Uno de los pasajes más bellos e impactantes de Ébano es aquél en el que Ryszard Kapuściński hace caer en la cuenta al inadvertido lector occidental que no ha tenido la fortuna de visitar el continente africano de que el sentido del tiempo difiere según el estilo de vida.

Y lo hace en magnitudes abisales si comparamos cómo contempla el paso del tiempo un africano medio que espera tranquilamente el paso de un transporte en mitad de una carretera durante horas o días sin inmutarse y cómo se le escurre a occidental que vive en una urbe frenética primermundista y plagada de neones.

Los últimos meses en los que la sensación sobre el paso del tiempo ha cambiado de forma tan notable nos han enseñado que tal vez ha llegado el tiempo de plantearnos si estamos acertando con nuestro modo de vida a quienes habitamos en pisos a 40 metros del suelo, pitamos impacientes al coche que nos precede para que no se nos cierre un semáforo o criticamos entre dientes a la anciana que con dificultad busca los ocho céntimos que le faltan para pagar la barra de pan en el supermercado.

No son pocos los que se plantean ahora salir de la ciudad e instalarse en un entorno más agradable, con un pedazo de tierra forrada de verde en el que deleitar la vista petrificada por los píxeles del ordenador y estirar las piernas un poco en el caso de encierro sanitario.

El frenético devenir ha llevado a muchos a posponer sus planes más vitales al penúltimo lugar de sus listas de tareas, sepultados bajo las urgencias laborales que, si tienen una importancia indubitable, no constituyen, ni de lejos la esencia más primaria de nuestra existencia

Pero no es menos cierto que existe una paradoja en todo esto. Las prisas con las que habitualmente vivimos los urbanitas primermundistas contrastan con la procrastinación generacional para otros asuntos que necesitan de un tiempo suficientemente extenso para madurar y alcanzar un éxito razonable.

Las prisas nos han llevado a abandonar el necesario cultivo de la amistad reposada y sustituirlo por un simulacro de amistad cibernética y emoticónica que se mantiene de forma artificial.

El frenético devenir ha llevado a muchos a posponer sus planes más vitales al penúltimo lugar de sus listas de tareas, sepultados bajo las urgencias laborales que, si tienen una importancia indubitable, no constituyen, ni de lejos la esencia más primaria de nuestra existencia.

Y así, se podría seguir con otras facetas de la vida. De tal manera que las prisas y las urgencias llevan -en el zénit de la paradoja- a retrasar tareas que, años más tarde, se complican enormemente.

Pienso en particular en quienes, habiendo hecho “dejación de funciones” de manera intencionada por priorizar las prisas, se enfrentan años después a la urgencia de procrear en mucho peores condiciones físicas.

Y claro, la tentación de tomar atajos se presenta con fuerza. Atajos que son, no en vano, formas de recorrer de prisa lo que debería haberse transitado a su debido tiempo. Y que tienen consecuencias con nombres como vientres de alquiler, fecundación in vitro, congelación de embriones, donación anónima de esperma, reducción embrionaria, selección de embriones, eugenesia, etc.

Así las prisas te hacen errar al principio y al final, porque no son buenas consejeras.

*Publicado en Woman Essentia.


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La soberbia de condenar a Tintín a la hoguera

Ha tenido una cierta repercusión la noticia difundida hace unos días sobre la decisión de la quema de libros a cargo de un conglomerado de colegios canadienses. Una responsable de estos centros ha justificado el ‘bibliocidio’ de cerca de 5.000 volúmenes es una, cuando menos, estrambótica sentencia: en sus páginas se halla “contenido desactualizado o inapropiado”. 

En el lote de volúmenes condenados se incluyen algunos títulos de las colecciones de Tintín y Astérix, personajes de quienes soy un profeso devoto. No en vano, en mi primera colaboración para Woman Essentia titulada ‘Tintín y Astérix pueden ser los mejores aliados de tus hijos’, argumenté que ambas creaciones me resultan imprescindibles para construir desde la infancia “un caudal imprescindible de experiencias y conocimientos que contribuyen a la cimentación de la personalidad, tan necesario en los tiempos del pensamiento líquido, el voluntarismo sentimental y la corrección política y social”. Entiendo que la noticia que motiva estas líneas confirma esta aseveración. 

Precisamente, lo que denota la quema por “contenido desactualizado o inapropiado” es exactamente la falta de pensamiento crítico y el afán por una corrección política cada vez más insoportable y dictatorial en Occidente. 

Al parecer, estos heraldos de la ignorancia sostienen que se aprecia un trato de alguna manera degradante o despreciativo hacia determinados pueblos. Me resulta harto complicado apreciar tal desconsideración en ninguna de las aventuras de Tintín o de Astérix. 

El afamado reportero belga tiene siempre un trato exquisito de respeto y ayuda hacia personas de otras culturas. A lo largo de los diferentes episodios, Tintín ayuda a resolver conflictos y cura a personas enfermas (Tintín en el Congo), libera esclavos (Stock de coque) o defiende a un grupo de gitanos de falsas acusaciones de robo (Las joyas de la Castafiore), por poner algunos ejemplos. 

Imagino lo que diría el entrañable capitán Haddock de estos censores posmodernos en defensa de su fiel amigo: “¡Bachibouzouk! ¡Marineros de agua dulce! ¡Ostrogodos! ¡Papanatas!”.

La argumentación sobre la quema de estos libros es también síntoma de otro mal muy común en nuestros días: el juicio ‘retohistórico’.

Y los simpáticos guerreros galos tratan con normalidad y grandes dosis de humor -bendito sea- con belgas, helvéticos, normandos, godos, griegos, medas, persas, egipcios, fenicios, indios, etc. Si alguien ve menosprecio en el retrato (inevitablemente cargado de tópicos) de los hispanos capitaneados por Sopalajo de Arriérez y Torrezno, tiene un serio problema. 

La argumentación sobre la quema de estos libros es también síntoma de otro mal muy común en nuestros días: el juicio ‘retohistórico’, valga el palabro. 

Con demasiada frecuencia nos encontramos con durísimos alegatos y acusaciones sumarias sobre algunos aspectos del pasado que se basan en aplicar criterios actuales. Pero para comprender la Historia del siglo XV, pongamos por caso, es necesario “ponerse las gafas del siglo XV”, como tantas veces repite José Carlos Gracia, autor de uno de los trabajos de divulgación histórica más importantes de este principio de siglo: el podcast ‘Memorias de un tambor’.

Quienes no aplican este criterio esencial nunca podrán comprender que la ley del talión (ojo por ojo, diente por diente) fue un avance notabilísimo en la regulación de las relaciones humanas de su tiempo. Desde nuestra perspectiva del derecho, seguramente es una aberración. Pero en su momento, un signo de lucidez incontestable. La ceguera ideológica impide a los posmodernos cazadores de contenidos “desactualizados” advertir algo tan evidente. 

Por otro lado, cabe pensar en que no han caído por un segundo en que este modo de juicio a través del tiempo antes o después les llegará a los censores políticamente correctos de nuestros días. Un signo más de que, en la base de esta plaga, está el gran pecado personal y social de nuestro tiempo: la soberbia. El mismo que azota a la humanidad desde el principio de los tiempos. 

* Publicado en Woman Essentia

«Me he tomado unos días para descansar y, ordenando ideas, he considerado seis actitudes para disfrutar de la vuelta del jamón. O dicho de otro modo, para construir una vida abundante y plena», por @cardenasnicolas
https://nicolasdecardenas.com/2021/07/21/6-actitudes-para-una-vida-abundante/


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